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        • Entre el Amor y la Lujuria

          • Cary Tabares

            16 febrero, 2012

          “Yo me aseguro de que ella este feliz. Si ella esta feliz, yo también.”
        El fallecimiento de la gran cantante Whitney Houston me dio tanto tristeza como nostalgia. Su gran éxito, interpretado por Jennifer Hudson en los Grammys, “I will always love you" fue y sigue siendo unas de mis canciones favoritas. Lo que más me gusta de esa canción tan melancólica es la frase, “we both know I’m not what you need”, que traducido dice, “ambos sabemos que no soy lo que necesitas”. En esta semana que hemos celebrado el día se San Valentín, esa frase me dio en que pensar.  

        El amor es tan simple y a la vez, abstracto y enigmático. Tanto así que en Facebook, unas de la selecciones para designar el estado de una relación es precisamente, “Es complicado.”  

        Cuando pensamos en el amor, tendemos a creer que es un sentimiento. Eso es solamente parte de la historia. Es cierto que sentimos como que las mariposas hacen volteretas en el estómago y nos palpita el corazón. Pero obviamente, eso no define el amor, sino son síntomas. Tampoco el amor es basado exclusivamente en lo físico. Estas cosas son lo superficial. Aún hay algo más profundo que define el amor verdadero y duradero.

        La sociedad confunde el amor con la lujuria y juzgamos a personas basado en esto. La lujuria es egocéntrica.  Hay ciertos medios de comunicación que nos bombardean con sugestiones de lujuria: música que se refiere al sexo explicito; mujeres en bikinis bailando en los shows de entretenimiento, por nombrar algunos. El dicho es que el sexo vende. Cuando nuestro mundo esta dictado por lujuria, buscamos el bienestar de nosotros mismos. En el subconsciente, la pregunta es, “¿Qué puedo obtener de esta persona?” o “¿Cómo puedo satisfacer mis necesidades?” Obviamente, para la mayoría de las personas, esos pensamientos no son adrede.

        De lo contrario, el amor es “otro centrado” y es el sacrificio de sí mismo. El sacrificio no viene con mala gana, sino con un amor ciego que se regocija en traer a cabo lo esencial para hacer feliz a otra persona. No se trate de ser un mártir, sino de saber como ponerse uno a un lado para poder beneficiar al ser querido.  El amor es sentimiento, pero también es acción.

        Hace tiempo, le pregunte a un amigo que cuál era el secreto de su matrimonio tan duradero de casi 30 años. La contesta fue simple y poderosa: “Yo me aseguro de que ella este feliz. Si ella esta feliz, yo también.” Al demostrarle ese modo de amar, ella hacia lo mismo con el. Eran demostraciones a veces tan simples. Por ejemplo, si el sabia que ella se tardaba en el trabajo, el se aseguraba de cocinar. Se tomaban el tiempo de salir a un restaurante a solas y asi gozar de la compañía del otro. Para las fiestas navideñas, el acostumbraba comprarle una pulsera—todos los años. Nada caro, pero con simbolismo. A ella le gustaba ir de compras, y a el no—pero el lo hacia por estar son su señora. El estar con ella era mas importante que para el que su deseo de no ir a una tienda u otra. Ella correspondia con detalles que lo hacían feliz a el.  No eran perfectos, pero aprendí mucho de ellos, y sus palabras se me quedaron grabadas. Hoy por hoy, las trato de aplicar a mi relación con mi pareja.

        Aunque yo haya aprendido lecciones de una pareja heterosexual, también lo he visto en parejas homosexuales. Por ejemplo, actualmente veo ese mismo amor en acción cuando miro la relación entre mi pastora y su pareja del mismo sexo. La lección se repite. Veo como se atienden una a la otra, y es muy bonito de observar.  A veces la gente cree que porque uno es homosexual, automáticamente uno es promiscuo, y no es así.  Lo mismo que pasa entre parejas heterosexuales pasa entre parejas homosexuales. Todos somos seres humanos, y si nos entendemos y hay amor entre la pareja, tenemos una relación saludable.  Eso no tiene nada que ver con la sexualidad.

        Navegar el amor es como tratar de caminar en una cuerda de equilibrista. Un delicado balance de dar y recibir. El amor es universal y no tiene género. El amor es saber hacer feliz a otro, pero también, como dice la canción, es saber percibir lo que otra persona necesita.

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